CAPITULO 3

Saliendo del descampado veía las cosas de otro color, todo me hacía risa, hasta cuando saliendo que teníamos que rodear una acequia de las que el agua ya no pasaba ni cuando lloví., Marcos tropezó y no cayó al suelo de milagro, nos quedaba todavía el porro y era de buena mañana, era sábado y no teníamos nada que hacer, así que pensamos ir a la panadería a comprarnos esos cruasanes caseros de chocolate, que cuando les das el mordisco aparece  un volcán en erupción que te mancha los labios de ese dulce y buenísimo chocolate.

Al salir del descampado  que era lo poco que quedaba por quitar, por una finca o un adosado (como todos los de  alrededor) salimos y entrando en el la realidad de la calle y la gente, sin darme cuenta de que llevaba los ojos rojos,  me llama desde el otro lado de la calle  la persona que menos quería en ese momento que me viese en ese estado.

Pues sí, ella era la que no me dejaba dormir por las noches, la que sabía de memoria todas las fotos que subía a Facebook o a instagram, la que tenía sueños impuros i pensamientos que no voy a dar detalles por política de privacidad, ¡jajaja! Pues si era ella, “Jamaica” como un paraíso de cocos y palmeras, que en ese momento llamaba y yo no sabía que decir ni que hacer.

Mientras tanto Marcos saludando a “Jamaica” ella se acercaba y preguntaba:

 ¿Que hacéis ahí?

Y nosotros con cara de haber quien contesta antes, Marcos sin ningún tapujo le dijo que acabábamos de darle unas caladas a un Porro.

Tierra trágame, pensé mirando a Marcos y pensando en lo traidor que se había convertido, él sabía que ella era la mujer de mis sueños y también sabía que como cuantas veces decía que ella también estaba colada por mí, yo virgen y con 18 años solo pensaba en pedirle matrimonio el día que tuviese valor de pedírselo.

Seguidamente ella nos miró con una cara de asombro (yo que sé que estaría pensando) nos respondió con unas voz de que (aquí nadie ha dicho nada) y con esos ojos color miel…

Sorprendentemente pregunto que si podía quedarse con nosotros a pasar el día, que no tenía nada que hacer…

¿Enserio?, pensé…

En realidad ella también quería fumar o igual ya había fumado, o igual quería estar a mi lado, pues en ese instante pasaron por mi cabeza todo tipo de lugares con ella riendo, bailando, conversando y como no besándonos.

Que locura…

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